cuentos cortos sin final aparente

Bajo el sol en la estación, está una niña sentadita en una butaca roja mirando fijamente sus zapatos verdes que le protegen los pies, que se mueven sin cesar y que no alcanzan a tocar el suelo. Junto a ella está su maleta azul con un cordón amarillo huevo que evita se confunda con otra igual. En su mano derecha lleva empuñado un recuerdo, en la izquierda su boleto de abordo con una esperanza.
Pasan muchos trenes pero no los toma, ni siquiera levanta la mirada ni se cubre los oídos por el estruendoso ruido del silbato, el sol le quema las mejillas y el viento le despeina el cabello.

-¿A dónde vas? - Le pregunta el espíritu del viento del norte al ver que no se encogía con su frío susurro, lo que le causó interés por ella.
-A otro país - respondió la niña sin levantar la cabeza.
- ¿A cuál? - Insistió el espíritu.
- No sé, a uno donde pueda conseguir un corazón nuevo. El hombre de los boletos me dijo que yo sabría cuál tren que me llevaría a ese país, que sólo lo abordara y que no olvidara mi equipaje. Pero ya llevo muchas horas aquí sentada y el tren no llega.
- ¿Pero por qué quieres un corazón nuevo? - Pregunto intrigado el viento del norte.
- Mmmm… porque el mió esta descompuesto.
-¿Ya no late?
- Sí, sí late.
- ¿Ya no sientes?
- Sí y mucho.
- ¿Entonces qué pasa con tu corazón?.

- Es que nací con el corazón de almeja. Mi madre era sirena y mi padre un pirata, ellos guardaron para mí toda la felicidad del mar en una perla que metieron en una almeja, y luego me la colocaron en el pecho para que fuera mi corazón, me dijeron que así nunca estaría triste y me sentiría acompañada. Cuando yo corría, la perla rebotaba en todo mi pecho haciendo una canción, con el sol de otoño la perla brillaba en mi mirada y así yo podía ver todos los colores de la luz, pero un día de repente sentí un dolor muy fuerte era como el llanto ahogado de una ausencia, como el grito del reclamo de un amor que se retorcía en lamentos por no ser correspondido, solo recuerdo que los colores de la luz se tornaron grises y sin fuerzas. Caí al suelo perdiendo la conciencia, lo último que escuché fue cómo un objeto redondo y pequeño se alejaba rebotando, el sonido se fue atenuando hasta que desapareció. Cuando pude ponerme nuevamente de pie sentí un hueco, un vació un gran silencio, lo supe de inmediato mi perla ya no estaba, la busqué, la invoqué con el pensamiento, la llamé con fuerza pero no obtuve respuesta y desde entonces me siento sola y muy triste.

Muchas lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de la pequeña niña. No se escuchaba nada en el lugar, más que el chillido que el aire hacia al rebotar en su pecho, era algo parecido al llanto.
El viento del norte, conmovido por la triste historia, paró su curso hacia el sur y trato de buscar una solución.
- No sufras más, ya no invoques al dolor. ¿Escuchas cómo el aire suena en tu pecho? eso es porque tu almeja aun esta abierta y sólo necesitas poner un grano de sal dentro para que nazca una nueva perla.
……….